Ya desde la época republicana este sector de la ciudad, integrado en el área pública delimitada por los cipos de Caninio, tenía un significado muy relevante, y es que en el siglo I a.C. en este lugar surgió el importante santuario de los Cuatro Templetes. Bajo Augusto, en el área inmediatamente contigua, se construyó un amplio complejo que incluía el teatro, que fue reconstruido y ampliado en época imperial, y en la zona posterior una plaza que daba al Tíber. Más tarde esta última fue monumentalizada mediante la construcción de un amplio pórtico – que se convirtió en sede representativa de empresarios y armadores – en cuyo centro se erigió un templo rodeado de zonas ajardinadas. El límite occidental del barrio lo ocupaba el complejo de los Grandes Horrea, el granero principal de Ostia, que aprovechaba la conexión con el Tíber.
El Teatro y el Piazzale delle Corporazioni antes de las obras de restauración y reconstrucción de 1926-1927