El sector de la ciudad comprendido entre la muralla republicana y la línea de la costa antigua en origen se utilizó como área sepulcral, tal y como nos lo demuestra dos mausoleos monumentales de finales del siglo I a.C., siendo el más conocido el sepulcro de Cartilio Poplicola. El desarrollo de este barrio, favorecido por la construcción – puede que desde el siglo I d.C. – de una presa como defensa contra las marejadas, queda atestiguado por la paulatina concentración de complejos residenciales, comerciales y termales durante la época imperial. Entre éstos últimos destacaban, por dimensiones y lujo, las Termas de Porta Marina y las Termas Marítimas. En la zona costera no faltaban los edificios religiosos, entre los que cabe mencionar la Sinagoga, donde desde mediados del siglo I d.C. se reunía la comunidad judía de Ostia. El barrio vivió su momento de mayor auge en época tardoimperial, a raíz de la monumentalización de la calzada de la costa que comunicaba el Lacio meridional con Ostia y Porto (Via Severiana). Un edificio decorado con finos mármoles (tal vez una lujosa domus del siglo IV d.C.) cerró el paso entre el tramo extraurbano del Decumano y la costa, elevándose soberbio sobre el mar, cerca de la antigua presa. La vitalidad del barrio en época tardo antigua queda atestiguada además por el uso de algunos edificios termales hasta el siglo V d.C.