A fin de garantizar la seguridad a la hora de embarcar y desembarcar, así como los suministros a Roma, hacia finales del siglo V se erigió una muralla alrededor de las estructuras portuarias, adosando una buena parte de ésta a los edificios, limitando así a lo estrictamente necesario el desgaste de tiempo y de material. Un ejemplo de ello es la construcción de la parte occidental de la muralla (denominada Antemural), cuya horizontalidad irregular se debe a la reutilización de edificios más antiguos. En este tramo la fortificación alcanzó una profundidad total de unos 3 metros, incorporando, entre otros elementos, el frente exterior de dos almacenes de época tardoantigua.
Resultado de la restauración de la cortina de ladrillos del antemural llevada a cabo en la alta edad media