La basílica paleocristiana está enclavada en un sector de la ciudad densamente edificado. Encajonada entre la cuenca hexagonal, el canal transverso, la via Portuense y la Fossa Traiana, su construcción es el último estadio de un proceso gradual de transformación de complejos anteriores construidos a partir de mediados del siglo I. A lo largo del siglo IV d.C. en un principio se levantó un edificio de tipo residencial con suelos en mosaico y opus sectile, que posteriormente fue transformado con la construcción de una amplia aula con suelo de mosaico – que con toda seguridad ya en esa fase estaba destinada al culto cristiano – dividida en tres naves por dos hileras de ocho columnas.