El proyecto de Claudio, probablemente aún sin acabar cuando se inauguró el puerto en el año 64 d.C., preveía que la descarga y el tránsito de las mercancías se efectuaran, a través de los intercolumnios, directamente en los espacios de circulación de los pórticos, oportunamente construidos a una altura sobreelevada con respecto al nivel del mar. Además de cerrar todos los pórticos, en época severiana se construyó un nuevo y amplio muelle que bordeaba todo el edificio; gracias a esta estructura, dotada de rampas con escalones de travertino, todavía hoy visibles, se podía descargar la mercancía fuera del monumento, por lo que el sistema de control del almacenamiento resultaba más eficaz y ordenado.