Las tumbas visibles hoy constituyen una pequeña parte del amplio cementerio que se extendía al sur de Ostia a lo largo de la Via Laurentina; los edificios funerarios, dispuestos en varios niveles, se alineaban a lo largo de la calzada y de las calles que conectaban con ésta, delimitando al norte una amplia plaza salpicada de tumbas más modestas.
Las tumbas más antiguas datan de mediados del siglo I a.C., pero la primera ocupación intensiva del área se sitúa entre finales del siglo I a.C. y la primera mitad del siglo I d.C., cuando a lo largo de los frentes de las calles comenzaron a amontonarse recintos a cielo abierto, tumbas de cámara y columbarios destinados a albergar los restos incinerados de los difuntos. De la última fase de uso de la necrópolis (siglos II-III d.C.) dan fe los grandes edificios funerarios, destinados sobre todo a inhumaciones, construidos sobre las tumbas más antiguas: posterior a un considerable aumento de las cotas de las calzadas y de los niveles circundantes, antecede de algunas décadas el abandono definitivo del área, que se puede situar a lo largo del siglo III d.C.