La decisión de recurrir al rito de la incineración o de la inhumación no incide en el aspecto exterior de la tumba, pero sí condiciona su disposición interior: el registro inferior de las paredes puede albergar arcosolios para los inhumados, mientras que el superior contiene nichos con ollas para los incinerados. Debajo del suelo son frecuentes las formae, fosas rectangulares delimitadas por muros para inhumaciones en varios niveles. Los dos ritos, resultado de decisiones individuales incluso dentro de un mismo círculo familiar, coexisten durante toda la época antonina (138-192 d.C.) con una progresiva prevalencia de la inhumación durante el siglo III d.C. En la fachada de algunas tumbas hay bancos adosados, utilizados como asientos, los klinai (lechos) con planos inclinados y soportes de mampostería para sostener tablas de madera. Tales disposiciones eran funcionales para la celebración del banquete fúnebre, cuya importancia queda subrayada por la frecuente presencia, tanto dentro de tumbas monumentales como en conexión con simples sepulturas, de conductos libatorios hechos con cuellos de ánforas o con ladrillos huecos de sección rectangular. En cuanto a los pocos ajuares funerarios que han sido hallados, éstos provienen mayoritariamente de sepulturas individuales: pequeños objetos de ornamento personal, monedas, frascos de cristal para bálsamos y candiles. Característico y frecuente en relación con los preparativos para los banquetes es, en cambio, el descubrimiento de pequeñas vasijas en forma de platillos y quemadores de incienso hechos de barro. En la fachada principal de las tumbas, dentro de marcos policromados de piedra pómez negra y ladrillo de color rojizo, se colocaban losas de mármol con inscripciones en latín – menos frecuentemente en griego – que, además del nombre de los propietarios, contienen indicaciones sobre el tamaño del sepulcro y las normas para su uso. A veces, la profesión ejercida en vida está ilustrada mediante escenas en placas de barro colocadas a los lados de la inscripción. El estudio de estos elementos permite definir la clase social a la que pertenecían los difuntos: una clase media compuesta en su mayoría por libertos que se dedicaban al comercio y a la artesanía, que representan la actividad de amplios sectores de la población portuense.
Relieve de barro de la tumba 100, con escena de una comadrona ayudando a una parturienta
(Museo Ostiense)
Anillo con cartucho con símbolo isiaco perteneciente al ajuar del sarcófago de las Musas
(Museo Ostiense)