La amplia plaza, que se abre hacia el Tíber, fue diseñada junto con el teatro bajo el reinado de Augusto, si bien no fue hasta mediados del siglo I d.C., bajo el emperador Claudio, cuando se añadieron los pórticos. Hacia finales del siglo I d.C., en el centro de la plaza, sobre un alto podio, se levantó un templo, con dos columnas corintias en la fachada, en honor a una diosa de identidad incierta. Se acometió una nueva transformación en la primera mitad del siglo II d.C., época en la que se redobló el pórtico y se realizaron los primeros mosaicos pavimentales – que más tarde fueron objeto de otras reformas – a la vez que se dividió el espacio interior en varias estancias (stationes). Los motivos representados estaban relacionados con actividades comerciales; la presencia de inscripciones que evocan las corporaciones de comerciantes, armadores y empresarios, tanto ostienses como extranjeros, avala la hipótesis de que se trataba de espacios de representación para estas corporaciones.