El castrum es el núcleo arqueológicamente documentado más antiguo de la ciudad de Ostia, datado en el siglo IV a.C. Se trata de un asentamiento fortificado protegido por una muralla construida con bloques de toba y presenta cuatro puertas colocadas en los extremos de las calzadas principales (Cardo y Decumano). Otras carreteras ortogonales dividían el espacio interior en parcelas con forma regular ocupadas por templos, edificios públicos y sobre todo viviendas. Ya a partir del siglo III a.C. la aldea se extendió más allá de las murallas que ya habían perdido su función defensiva originaria; de hecho la expansión romana en el Mediterráneo había reducido poco a poco el papel militar de la ciudad, potenciando en su lugar su vocación comercial.