La Basílica, utilizada para administrar la justicia y para gestionar los negocios, fue construida entre finales del siglo I y comienzos del siglo II d.C. Accesible desde el Decumano a través de una entrada monumental, se presentaba como una gran aula decorada con dos columnas y suelos de mármol. Al fondo del aula todavía se pueden ver los restos del estrado reservado a los jueces. En el lado oriental, la Basílica comunicaba escenográficamente con la plaza del Foro mediante un doble pórtico, realizado con pilastras de ladrillos revestidas de mármol y decorado con un friso con amorcillos y festones. En cambio los fragmentos de relieves de mármol decorados con episodios de la fundación y de la historia más antigua de Roma, pertenecen a los paneles colocados entre las columnas del segundo piso del edificio que asoman al aula central.
Fragmentos de relieves con escenas de construcción de murallas (A), rapto de las Sabinas (B), ocas del Capitolio (C)